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El riego del avellano

El avellano necesita un riego regular solo si hay un período prolongado de sequía; si, por el contrario, las precipitaciones son frecuentes, especialmente durante la temporada de invierno, los riegos deben interrumpirse. Es fundamental evitar el estancamiento hídrico, que puede provocar la pudrición de las raíces o enfermedades fúngicas peligrosas para la planta. Los ejemplares más jóvenes, sin embargo, tienen una mayor necesidad de agua que los adultos y, en consecuencia, deben bañarse de forma más constante. Se recomienda el riego por goteo como método de riego: mediante el uso de goteros, los recursos hídricos se pueden administrar de manera moderada y escasa en forma de chorros finos, humedeciendo la superficie del suelo o directamente las raíces.

Consejos de cultivo


El suelo recomendado para el avellano está bien drenado y bien drenado, pobre en arcilla y piedra caliza. Antes de plantar, es importante trabajar el suelo, para ablandarlo y erradicar las malas hierbas: también se sugiere una operación de fertilización preliminar para asegurar un óptimo desarrollo de la planta. La siembra debe realizarse en otoño o invierno, en un hoyo de aproximadamente medio metro de profundidad, y seguida de un acolchado del suelo con materiales orgánicos. La poda, que se realizará a partir del segundo año, es fundamental para eliminar las ramas viejas y hacer crecer las nuevas; Es imprescindible utilizar, inmediatamente después, una masilla específica para la cicatrización de cortes. También deben eliminarse las ramas que, desarrollándose hacia el interior, obstruyen el suministro de luz.

Fertilización


La fertilización preliminar del suelo, completada antes de la siembra, implica el uso de sustancias orgánicas, como estiércol o estiércol maduro; posteriormente, para favorecer mejor el desarrollo de la planta, estos productos pueden integrarse con fertilizantes que contengan los tres macro elementos, a saber, potasio, fósforo y nitrógeno. Este último tiene como objetivo asegurar un crecimiento vigoroso de las partes vegetativas, mientras que el potasio y el fósforo aseguran respectivamente una mejora en la calidad del fruto y un fortalecimiento del sistema radicular. La fertilización debe realizarse dos veces al año, en primavera y otoño; en el período de otoño también puede usar solo fertilizantes naturales,

Básico: exposición, plagas y enfermedades


La exposición debe tener lugar en un lugar soleado o como máximo en sombra parcial; lo importante es que no haya vientos demasiado fuertes y que las temperaturas no sean excesivamente bajas, ya que estas condiciones dañarían el cultivo. Entre los parásitos que pueden afectar a esta planta hay que recordar el eriófido, que ataca los cogollos provocando que se sequen y que requiere de productos a base de azufre para su eliminación; Nocivo es también el chinche verde o marrón, que puede causar la atrofia de las avellanas debajo de la cáscara y se combate mediante insecticidas especiales. Entre las enfermedades fúngicas más molestas, por otra parte, se encuentra el mildiú polvoroso, que se manifiesta como moho blanquecino y provoca necrosis de las hojas y deterioro de los frutos y, en general, del árbol;

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